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Cry of The Angel: Passing By

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Cry of The Angel: Passing By

Mensaje por Tenma el Vie Jun 17, 2011 5:49 pm



La siguiente historia es ficticia. Cualquier parecido con la realidad es
pura coincidencia. Cualquier comentario, ya sea bueno o malo, será recibido. -Sagara Sousuke-.


Cry of The Angel: Passing By


Capítulo 1.

Spoiler:





Cap.1


Una voz melodiosa. Un canto que parece
perderse en la infinita negrura del mundo. Una tonada triste y misteriosa que
hace que aún el corazón de los más valientes se derrumbe y derrita como el
hielo. El viento, que sopla levemente, nos trae las notas tocadas por un ángel
caído, quien reside ahora en el Infierno, con la esperanza de resurgir algún
día, lleno de esplendor.


El solo que se apaga en el crepúsculo nos
lleva a la tierra de los muertos, donde las almas vagan eternamente en un
incesante silencio.


-Dime qué debo hacer. Sus palabras se
fueron con el viento que arreciaba, con la lluvia que no dejaba de caer.


-Debes pagar el precio-. Cada palabra era
una punzada de dolor en su pecho, pero sentía que era necesario hacer tal
sacrificio por alguien tan importante para él.


-Lo haré-.


Aquel ser rió perversamente y se limitó a
responder: -espero que después no te arrepientas de lo que has deseado-.


Un rayo cayó y despertó a todos. Miró
alrededor y después hacia el techo.


-Vaya-se dijo-, solo fue un sueño… o me
pareció que lo fue.


Por algún motivo, lo invadió la nostalgia,
un eco de sus recuerdos que no había escuchado en años, cuando bajo aquél roble
su amor le fue negado y se fue de su vida para siempre. Recordó su rostro, sus
ojos, su sonrisa, todo lo que representaba para ella y se echó a llorar,
inconsolable.


Pronto los rayos del amanecer despuntaron
en su ventana y no tuvo más opción que levantarse, mirar hacia el Sol y decidir
que hoy no caería. Que el día de hoy, Nara Shikamaru no caería presa de la desesperación.


Siendo estudiante de primero de
preparatoria, algo tan lejano le parecía cosa de niños, pero siempre fue fiel a
su promesa. Era un joven serio, lleno de ideas. Su cabello largo y oscuro,
recogido con una pequeña coleta, dejaba ver que aún en el orden, existía el
caos. Su uniforme impecable, sus útiles en orden y dueño de un temple poco
usual en un chico de 17 años, lo hacían irresistible para las chicas de su edad
y algunas mayores que él, que veían en él algo que los condiscípulos de su edad
no poseían: madurez.


No había tardado mucho en tomar su puesto
como delegado de clase y se desempeñaba bien en ello; también era un excelente
jugador de ajedrez, reclamando para sí muchos títulos y premios a su increíble
capacidad en el juego. Llamado por muchos como “un genio, un prodigio, un
orgullo para su escuela”, se fue formando su imagen y su leyenda. Pero su
pasado era un misterio.





No solía hablar mucho de ello; parecía como
si su vida hubiera iniciado cuando entró a la secundaria. Tampoco tenía novia,
pero de vez en cuando se le encontraba alegre con alguna chica, platicando,
almorzando juntos, divirtiéndose. En más de una ocasión se le vio caminar de la
mano con alguna afortunada en una cita, riendo y felices. Por lo general estas
citas terminaban con un beso y la promesa de que volverían a salir, cosa que
jamás ocurría, pero no podían decirle nada. Era inherente el hecho de que
siendo alguien como él, tendría mucho que hacer.


En pocas palabras, era un alumno perfecto.
Las mejores notas del colegio, uno de los alumnos más inteligentes de todo el
país y un líder innato para quienes lo conocían. Pero tras todo eso, se
escondía un pasado doloroso, que nadie sabía. Que por dentro, llevaba muerto
más de 9 años.


Esta historia se remonta mucho tiempo atrás,
cuando Shikamaru cumplió los 9 años de edad. A esta edad ya se le consideraba
un verdadero genio entre los estudiantes y aunque muchas veces les habían
propuesto a sus padres que lo dejaran avanzar más rápido y mandarlo a la
secundaria inmediatamente, sus padres se negaron, pensando que quizás el cambio
repentino podría afectar a su hijo, aunque esto no era del todo cierto. El
mismo Shikamaru les dijo que no deseaba ser diferente. Aún a su corta edad,
había desarrollado una madurez impresionante.


Cierto día, sus padres le dejaron ir al
parque a jugar un poco; aun con sus madurez seguía siendo un niño, después de
todo; después de jugar un rato en los juegos del parque, miró hacia el cielo;
ya estaba a punto de anochecer; el Sol se había metido y solo quedaban algunos
tonos violáceos y rosados como prueba de que Sol ya no estaba; antes de irse,
miró hacia los columpios y vio a una pequeña niña. Algo en su pecho le oprimió,
pero no supo qué era. Después, se acercó tímidamente, lo cual le extrañó un
poco, siendo que él no era así, pero finalmente, llegó donde estaba la pequeña.


-Hola, eh…-parecía nervioso-, ¿estás sola?


Al mirar, se quedó pasmado. La niña frente
a él era muy bonita. Tenía el cabello corto y castaño, y sus ojos eran color
café; irradiaban una hermosa vivacidad y alegría. Al verlo, sonrió y lo abrazó,
tirándolo al suelo. Después de verlo a los ojos, lo besó. Shikamaru estaba
sorprendido; una chica le robó su primer beso. Completamente inmóvil, Shikamaru
la miró. Entonces comprendió porqué su pecho le oprimía.


-¿Cómo te llamas?-finalmente se levantaron
del suelo y preguntó amablemente.


-Suzumiya Haruhi- , dijo sonriente-, ¿y tú?


-Yo soy… -sintió que se ruborizaba, pero no
dijo nada-, me llamo Nara Shikamaru.


-Qué lindo nombre-dijo alegremente.


Estaba sorprendido ante la alegría que
irradiaba la pequeña. Después se levantó y le dijo que debía irse, pero que
volvería al día siguiente. Shikamaru respondió que también volvería para jugar
con ella. Finalmente se separaron y Shikamaru miró al cielo tranquilamente.


-Me gusta-dijo. Me gusta mucho.


Los días pasaron lentamente y se veían cada
tarde en el parque para jugar un rato. Siempre se divertían; jugaban en los
columpios o los toboganes y charlaban de cómo les había ido en la escuela.
Cierto día se percataron de que iban en el mismo colegio y comenzaron a verse
también en la escuela, a la hora del almuerzo, porque iban en salones
separados, pero siempre prefirieron verse en el parque, les gustaba más y
podían divertirse mucho más.


Compartieron momentos inolvidables. A veces
los padres de uno los llevaban de paseo a parques de diversiones y otros a
parques acuáticos, porque no pudieron evitar el ver el gran vínculo que se
había formado entre sus pequeños y que también, aunque quizás ellos no lo
notaran, que sentían algo más que amistad el uno por el otro.


Pasó el tiempo y se acercó el momento de la
graduación. Habían pasado ya 3 años desde que se habían conocido y se habían
vuelto inseparables. Habían viajado mucho, conocían a la familia del otro casi
perfectamente y se habían apoyado en tiempos difíciles; cuando los padres de
Haruhi se separaron, un año antes, estuvo inconsolable. Sólo el abrazo de
Shikamaru pudo hacerla sentir mejor. Fue la primera vez que dejaron de verse
como amigos. Fue solo un instante, pero a Haruhi le pareció ver a un extraño
tras la máscara de su amigo, pero no tenía miedo: al contrario, se sentía feliz
de que aquel extraño la abrazara.


El día antes de la graduación, Haruhi citó
a Shikamaru en el parque donde se habían conocido. Shikamaru pensó que quizás
sería la última vez que vería a su amada Haruhi, por lo que decidió que iba a
ser el momento en el que confesaría todo lo que sentía por ella. Iba muy
animado por la calle, con un ramo de rosas en la mano y pensando en todos los
años felices que habían compartido juntos. El viento soplaba lentamente y se
percibía un ambiente de tranquilidad en derredor. Pensaba una y otra vez en lo
que le diría a Haruhi para justificar las flores y después le diría lo que
sentía por ella, aunque sintiera que el cuerpo entero le temblara.


Al llegar al parque, ya se había puesto el
Sol, y encontró a Haruhi sentada en el mismo columpio donde la había conocido.
Al verlo, sonrió amablemente y un poco ruborizada. Estaba hermosa: comenzaba a
verse que pronto dejaría de ser una niña pequeña; su cuerpo comenzaba a mostrar
esos invariables cambios de la adolescencia y había crecido mucho a como
Shikamaru la conoció; lo miró con esa mirada encantadora y amable que había
visto hacía mucho tiempo y lo saludó.


Se sentaron en los columpios y miraron
hacia el suelo. El viento soplaba un poco más fuerte y el Sol seguía
mostrándose con tonos anaranjados y violáceos que hacían un hermoso paisaje.


-Toma-, finalmente, Shikamaru se atrevió a
decir-, son para ti.


Aunque muy sonrojada, Haruhi las tomó y las
apretó contra su pecho.


-Muchas gracias, Shika-chan, son hermosas.





Los dos se quedaron en silencio un largo
rato. Pronto las sombras comenzaron a aparecer y el parque empezó a quedarse en
tinieblas. Aquellos alegres colores que provenían del cielo empezaron a
apagarse y en su lugar, un monótono color violáceo tomó su lugar. Algunas
farolas empezaron a encenderse en la lejanía, anunciando que pronto
anochecería.


-Sabes, ¿Shika-chan?-dijo Haruhi, casi en
un murmullo.


-¿Qué pasa?-respondió con curiosidad.


-Hay… miró hacia el piso y a la sombra del
crepúsculo se sonrojó. Hay un chico que me gusta.


Shikamaru sintió como un rayo si lo hubiera
partido a la mitad. Su mente se nubló y sintió en sus ojos la presión de sus
lágrimas a punto de estallar, pero no hizo movimiento alguno. Sus labios
temblaban de miedo, de tristeza y enojo, mientras un niño conocía el
significado de la desesperación al perder a un ser amado.


-Me alegro, Haru-chan. Le sonrió
amablemente. Se le iluminó el rostro a la pequeña y lo besó en la mejilla. Su
beso quemaba horriblemente para él. –Ya debo irme, Shika-chan. Espero volverte
a ver. Y se alejó del parque caminando alegremente, mientras Shikamaru lloraba
por perder a quien hasta entonces pensaba era el amor de su vida.




Capítulo 2.

Spoiler:





Cap. 2





Pasaron algunos años y Shikamaru nunca se
recuperó. Entró a la secundaria y quedó atrás su faceta de buen estudiante. Se
volvió flojo, holgazán y hostil con quienes se le acercaban. En una ocasión una
chica intentó darle una carta donde le decía que le gustaba, pero él se limitó
a tomarla y romperla en pedazos para tirarla a la basura. La pobre niña salió
corriendo, con lágrimas en los ojos, mientras él miraba por la ventana, como si
nada hubiera pasado.


Los días ya no le interesaban en lo
absoluto. No comía mucho y estaba todo el día encerrado en su habitación,
dejando a sus padres preocupados ante su estado. Aunque lo habían llevado ante
un psicólogo muchas veces, Shikamaru nunca dijo nada en aquellas sesiones; el
médico solo dijo que pasaba por una depresión adolescente cualquiera y que
pronto se le pasaría. Tampoco podía dormir, pasaba las noches en vela mirando
como un loco el oscuro cielo, sin preguntar nada, dejando que su mirada se
perdiera en la frialdad de la noche, hasta que el cansancio lo dominaba y caía
rendido, sumergido en un sueño sin sueños.


El tiempo pasaba lentamente; los meses se
iban rápidamente y Shikamaru apenas si vivía. No comprendía el porqué alguien a
quien amaba se había ido de su lado; muchas noches se preguntó si había hecho
algo mal, si se había comportado de forma incorrecta, si había dicho algo que
no debía. Devanó su mente tratando de pensar en algo que parecía imposible de
explicar; ahí fue cuando conoció la derrota: el no poder saber el porqué Haruhi
se había ido lejos de él, y de su vida.


Si evitó el suicidio fue por la música. Una
tarde estaba caminando por los suburbios de la ciudad, una parte llena de casas
antiguas, corroídas por el tiempo; un lugar apacible donde el rumor del viento
se escuchaba en todas partes, al igual que el repiqueteo de sus zapatos en el
asfalto. El nuboso cielo prevenía de la inminente tormenta, pero no pareció
importarle. Pronto cayó la noche, y con ella la lluvia que se precipitó
rápidamente. El sonido de sus zapatos se incrementó con el rumor del viento y
la lluvia golpeándole en el cuerpo. Repentinamente se detuvo; a lo lejos
escuchó algo, algo que rompió el silencio eterno de aquel lugar inamovible;
corrió buscando la fuente de ese sonido hasta que se detuvo en una casa. La
casa era vieja y estaba un poco hinchada por la madera que absorbía agua con
una rapidez asombrosa; por la ventana miró una estancia cómoda y agradable, que
le recordaba un poco a su hogar. En el centro, estaba un hombre tocando el
piano; los compases eran tranquilos pero también melancólicos y oscuros. La
estancia parecía perder la luminosidad de los focos mientras el hombre tocaba,
presa de un éxtasis ultraterreno; cada nota hundía a Shikamaru en el horror, en
la desesperación, en las incontenibles ganas de soltar un aullido de terror,
pero a la vez lo tranquilizaba, le hacía hundirse en su propia oscuridad con la
calma cuando se está al borde de la muerte.


Entonces el hombre terminó la pieza que
tocaba y miró tranquilamente por la ventana. Shikamaru retrocedió aterrado,
pero no pudo huir, sus pies no se movían. El hombre desapareció de la estancia
y sin siquiera darse cuenta, estaba a un lado suyo. Traía una manta en su
hombro derecho.


-Entra, dijo suavemente-, debes tener frío.


Dentro de la casa, Shikamaru se despojó de
sus ropas y las exprimió con fuerza en la entrada; después las puso a secar en
un fuego que crepitaba lentamente en la chimenea. Sobre ella se encontraban
muchas fotos, quizás del hombre y su familia.


-Estabas escuchando, ¿verdad? El hombre
posó su mano en el hombro de Shikamaru. –Es la Sonata Claro de Luna,
por si te lo preguntabas.


-Perdone-respondió rápidamente-, no quería
molestarlo. Sólo me pareció una pieza encantadora.


-Pues claro, niño-dijo con una afable
sonrisa-, el maestro Beethoven tiene esa cualidad.


Le indicó se sentara en el banquillo frente
al piano, y se sentó junto a él.


-¿Quieres aprender a tocar?-le dijo en el
oído, como si le estuviera contando un secreto.


-Sí, sí quiero-, dijo Shikamaru.


Pasados unos meses, consiguió un modesto
empleo en una tienda cercana a su hogar; juntó lo suficiente y compró un
teclado de segunda mano. Aprendió a tocar a los clásicos: Beethoven, Mozart,
Bach, Chopin, y lo hacía con una maestría incomparable. Su vida se llenó de
significado nuevamente. Llegó a entrar a un pequeño concurso donde terminó en
segundo lugar, debido a que su teclado falló en el último minuto de la pieza
que había compuesto, pero se ganó el respeto y la admiración de mucha gente.
Aún con esto, no se sentía del todo feliz. Sabía que en su interior, algo
faltaba. Algo que había sepultado tras las notas, los arpegios y el dulce
repiqueteo de las notas que calmaba sus demonios internos.


Cierto día caminaba rumbo al Auditorio del
pueblo para tener una audición con los miembros de la orquesta sinfónica del
estado. Avanzaba nervioso, pero seguro de que su trabajo arduo le traería
frutos. Cerca del auditorio estaba una pequeña biblioteca a la que se accedía
por unas escaleras de mármol, que desembocaban en la acera. Miró intuitivamente
y se detuvo. Su corazón dio un vuelco inesperado. No podía creer a quien había
visto. Dos años y medio después de que su alma se partiera en dos, encontró a
la responsable. Suzumiya Haruhi estaba sentada en las escaleras.


Capítulo 3.

Spoiler:





Cap. 3





No podía moverse de la impresión. Todo el
dolor que había soportado durante tanto tiempo se desvaneció en un instante, al
mirar nuevamente aquellos ojos almendrados y el cabello castaño que siempre
imaginó poder acariciar dulcemente entre sus manos. Su mundo cambió
radicalmente, aunque no sabía que hacer.


-Pronto ella volteó la cabeza y lo miró
lentamente. Sus ojos brillaron de súbito espanto y después corrió a abrazarlo
tiernamente. –¡Shika-chan! ¡Me alegro tanto de verte! Shikamaru no pensó, sólo
se dejó llevar. –Al fin… al fin te vuelvo a ver…


Pasaron las siguientes 3 horas platicando
de lo que habían hecho después de que sus caminos se separaran en aquel
columpio hacía una eternidad; Haruhi le contó que se mudó a otra ciudad y que
vivió muy bien ahí durante dos años, pero que finalmente su familia había
decidido regresar a su ciudad natal; ella, por otro lado, estaba estudiando en
una escuela solo para señoritas, lo que le parecía un tanto aburrido y decidió
escaparse un rato. Al no saber adónde ir, decidió ir a la biblioteca a buscar
un mapa que le ayudara, pues el pueblo había cambiado mucho en tan poco tiempo.
Shikamaru nunca lo había notado; que ya no era aquel pueblito donde pasó su
infancia, que había cambiado, que Haruhi había cambiado, pero él no. Su tiempo
se detuvo en aquel instante en que ella se fue. Y no había notado que el mundo
giraba aún si él no se percataba.


Se sintió como cuando eran pequeños, jugando en el pequeño parque cerca de casa de
Shikamaru, riendo alegremente, como si el tiempo no importara. Cuando Shikamaru
le dijo que sabía tocar el piano, Haruhi le pidió tocara para ella, y entonces
sacó el teclado de su funda y lo puso en sus piernas. A la sombra del techo de
la biblioteca y con el paisaje de una ciudad pequeña donde no había ni un solo
sonido, Shikamaru empezó a tocar una pieza que él había compuesto.


Los acordes eran un poco melancólicos y
profundos. La pieza exhalaba soledad y miedo, pero sobretodo, tristeza.
Shikamaru recordó cuando había hecho esta pieza. Fue de noche, con una navaja
cerca de sus venas. La cuchilla temblaba en su mano y se hizo un pequeño corte,
después lanzó la navaja lo más lejos que pudo; tomó el piano y miró a la luna.
–Haruhi… su voz se perdió en la oscuridad que lo rodeaba, siendo la Luna el único farol que le
daba luz a su existencia… y comenzó a tocar. La aprendió de memoria
rápidamente. Las lágrimas caían por sus mejillas copiosamente y recordaba todos
esos bellos momentos con ella, enmarcados en un hiriente atardecer rojizo, como
la sangre misma que brotaba de su ser, llorando por el anhelado recuerdo de su
amada Haruhi. Pronto, las notas callaron y no se escuchó ovación alguna, solo
el viento que soplaba contra su rostro. De pronto, sintió la cálida mano de
Haruhi en su mejilla. Le secó una lágrima que había corrido por su mejilla.
Shikamaru la miró por unos instantes y después tomó su mano. Después, besó a
Haruhi tiernamente en los labios.








Después de lo que pareció una eternidad,
Haruhi abrió los ojos y lo miró. En sus ojos ya caía una lágrima, a la par que
comenzaba a llover. –Cuanto te he extrañado… Shika-chan… te quiero… y se aferró
a él con todas sus fuerzas. Shikamaru no dijo nada, no pensó en nada, solo se
dejó llevar por el inconfundible aroma de su amada, que recordaba desde que era
pequeño.


-Te quiero, Haru-chan… siempre te he
querido. Se miraron nuevamente y se abrazaron mientras la lluvia caía
lentamente en todo el pueblo.


Los siguientes días fueron maravillosos
para ambos. Salían tomados de la mano y felices a cualquier lugar que pudieran
ir. Shikamaru miró con nuevos ojos al pueblo, y al mundo entero, mientras la
dicha lo llenaba por dentro. –El vacío ya no existe-se dijo-, ahora solo está
ella.


Poco después volvió a tomar la audición
para la orquesta juvenil y entró con suma facilidad. Entre el público estaba
Haruhi, quien le sonreía tiernamente. Salieron tomados de la mano rumbo a un
lugar desconocido.


Súbitamente la noche extendió su oscuro
velo sobre el pueblo y decidieron correr para que la noche no los alcanzara. De
pronto se encontraron con una parte de la ciudad que no conocían bien. Estaban
algo cansados y decidieron quedarse a dormir en un hotel cercano hasta la
mañana siguiente. Antes de entrar fueron a una cafetería pequeña que estaba a
punto de cerrar. Pidieron un poco de café y algunos pastelillos que comieron
ávidamente. Sonreían al verse el uno al otro, empapados por la llovizna que
caía y sintiéndose diferentes a los niños que habían sido cuando se conocieron.
Después, Shikamaru tapó a Haruhi con su chaqueta y salieron a la calle, rumbo
al hotel.


Al entrar al hotel, se encontraron con un
recibidor destartalado y un recepcionista que de mala gana les dio una
habitación. Subieron algunos pisos y llegaron a la habitación 426. Al abrir la
puerta se encontraron con una grave sorpresa: solo había una cama.


Después de meditarlo mucho, Shikamaru
decidió que dormiría en el sillón cerca del balcón y Haruhi tomaría la cama.
Ésta dijo que estaba muy empapada y decidió tomar un baño. Shikamaru salió al
balcón y respiró la brisa húmeda que queda después de la lluvia; le gustaba el
olor a tierra mojada, lo relajaba bastante. Sacó una silla al balcón y su
teclado, y se puso a tocar una pieza de Chopin. Lentamente, las nubes se
disiparon y los rayos de la Luna
llena caían a borbotones sobre él, como si quisiera ser espectadora de un concierto privado.


Dentro del cuarto de baño, Haruhi se sentía
relajada; el vapor del baño siempre le había gustado, y el sentimiento del agua
caliente cayendo por todo su cuerpo era simplemente encantador. De pronto escuchó
que Shikamaru había empezado a tocar y no pudo reprimir una risa. –Es un
poeta-se dijo-, solo él toca después de lo que nos ha pasado. Salió con solo
una toalla del cuarto de baño y se recostó plácidamente en la cama. Shikamaru
volteó y se sorprendió totalmente.


-Yo...yo…lo... ¡lo siento!-trató de
excusarse, pero no encontró las palabras adecuadas, y sus ojos no dejaban de
ver el cuerpo de Haruhi, traslúcido aún con la bata puesta. Ella reprimió una
risa y se tapó con las sábanas. –Vete a bañar-dijo-, estás todo mojado y no
quiero que te enfermes.


Shikamaru se tapó los ojos y entró al baño,
donde se despojó de sus ropas y dejó que el agua caliente lo relajara aún más.
Al salir, las luces estaban apagadas y sólo se escuchaban ecos lejanos en las
calles. A lo lejos se escuchaban gritos y canciones viejas; por la ventana del
balcón se veían luces destartaladas que se prendían y apagaban solas. Haruhi
estaba recostada en la cama y parecía estar profundamente dormida. Shikamaru
decidió no molestarla y fue al sillón, donde tomó una colcha de repuesto y se
tapó con ella hasta el cuello. El silencio se apoderó del lugar y comenzó a cabecear, deseando que el sueño llegara
pronto, cuando la noche se quebró y un murmullo vino de ninguna parte: “Ven
conmigo”.


Shikamaru dio un respingo, bastante
sobresaltado. Pronto el murmullo volvió a escucharse y se acercó lentamente a
donde dormía Haruhi.


-Haru-chan… ¿eres tú?... Pronto se encontró
recostado al lado de ella. Sin pensarlo dos veces, la miró. Se veía hermosa y
radiante, aún dormida. Acarició su cabello suavemente y sonrió para sí. Se
acostó de lado contrario a ella y se tapó con las sábanas.


-Haru-chan… siempre… siempre quise decirte
que…


-No lo digas-le respondió secamente-. Yo
también, Shika-chan.


Sonrió y se introdujo en un sueño
agradable, el primer sueño en más de 2 años.


A la mañana siguiente despertó tranquilo.
–Buenos días, Haru-chan-dijo alegremente-. Trató de palpar su espalda
acurrucada del otro lado de la cama, pero no había nadie.


Se incorporó y miró con tristeza que en la
almohada había una carta con su nombre.


Capítulo 4.

Spoiler:





Cap. 4


“Querido
Shika-chan. Si estás leyendo esto, por favor no te enojes conmigo .Me sentí muy
feliz de haberte encontrado de nuevo y que pudiéramos pasar este tiempo juntos.
Shika-chan, te amo, siempre te he amado, desde el día que nos conocimos supe
que eras especial y mi corazón supo que eras tú con quien yo quería estar. Pero
es hora de que te diga la verdad. No me fui porque mi familia se haya mudado.
Fue porque tuvimos que irnos a otro pueblo a buscar atención médica. Yo estoy
enferma, desde que nací estoy enferma y me dijeron que un día moriría. Mis
padres buscaron por mucho tiempo como curarme, pero no hay forma. Te dije lo
del chico para que me olvidaras, porque no quería que te sintieras triste si
supieras que había muerto, pero en vez de eso te hice sentir triste a lo largo
de estos años… por favor, Shika-chan, perdóname. Y no me vuelvas a buscar.
Quizás la próxima vez me encuentres… en una tumba. Sólo quiero que sepas que mi
corazón es tuyo, y siempre lo será.
También quiero que sepas que te amé hasta el último momento.



Tuya.


Haru-chan.





La carta lo destrozó. Destruyó la
habitación entera. Sillas, muebles, incluso su teclado, fueron destruidos ahí
mismo. Gritaba y gritaba de horror y desesperación. Entre las lágrimas y los gritos, no podía
pensar. Tomó la carta de su amada y salió por el balcón. Corrió hasta que sus
pies ya no pudieron sostenerlo y cayó al barro. Aún sostenía la carta en sus
manos, como un tesoro muy preciado. Su vida se apagó en ese momento.


No quería volver a casa, no quería volver a
ninguna parte. El mundo que había empezado a reconstruir se destruyó en un
instante, en una vuelta fatídica del destino. El mundo, que antes estaba lleno
de vida y color, se tornó gris y deprimente en un instante. Nara Shikamaru
había perdido la voluntad para seguir con vida.


Caminó sin sentido por toda la ciudad como
un poseso, sin pensar siquiera. Estuvo a punto de ser atropellado muchas veces,
pero en ninguna fue embestido por un auto. Finalmente, despertó de su letargo y
se encontró cerca de los suburbios. Un extraño instinto le hizo caminar hacia
los suburbios, donde se detuvo en una conocida casa. Era la casa de aquel
hombre que le había enseñado a tocar el piano. Tocó la puerta con lo último de
sus fuerzas y se desvaneció en la puerta.





Soñó cosas horribles. En el sueño,
contemplaba el cadáver de su amada Haruhi, envuelta en un vestido blanco y tan
pálida como la muerte. Había muchas personas a su alrededor, todas traían máscaras
que aparentaban tristeza, aunque charlaban con alegría.


-¡Hipócritas! Gritó con todas sus fuerzas.
–¡Ustedes no la amaban, yo sí! Se arrastró hasta llegar al ataúd, donde besó
sus labios muertos y acarició su cabello por última vez. Lloró amargamente en
su pecho y se dio cuenta de que su olor comenzaba a perderse, como un recuerdo
que muere lentamente. Después los hombres con máscaras lo tomaron de los brazos
y lo alejaron de ella. Shikamaru golpeó a algunos, mientras los demás se reían,
mostrando ser una cruel y malévola multitud de espectadores, burlándose del
dolor ajeno. Entonces uno de ellos tomó una antorcha y prendió fuego al
cadáver. Lentamente su imagen fue desapareciendo bajo las llamas que lo
consumían todo. Shikamaru gritaba y lloraba, pero nada podía hacer. Se sentía
débil, sin fuerzas, inútil. Finalmente cayó sobre sus rodillas y se golpeó la
cabeza contra el piso una y otra vez, haciéndose sangre en la frente.


-¡¡La quiero de vuelta, la quiero de
vuelta!!-gritaba completamente loco-, ¡no quiero vivir en un mundo sin ella!


Despertó inmediatamente. Su cuerpo estaba
lleno de vendas y recostado en una habitación antigua. A su lado, había un vaso
con agua y algunas gasas ensangrentadas. Se incorporó lentamente y notó que
todo su cuerpo dolía. Miró el reloj de la pared y contempló con asombro: eran
las 8 de la mañana, pero al mirar la ventana, parecía de noche.


Bajó con cuidado las escaleras que crujían
a cada paso suyo y llegó al recibidor. Estaba en la casa del hombre del piano.
A su espalda, sonó una melodía aterradora y pesada. Era el Himno a la Alegría de Beethoven. Los
compases sonaban enteramente malignos y llenos de odio y rencor. Recordó que
muchas de las obras de Beethoven las había compuesto con verdadero odio, pero
lo que sonaba no podía haber sido escrito por alguien humano. Era… diabólico.


-Así que has despertado. De las sombras
salió aquél hombre del piano. Su semblante había cambiado; de aquella mirada
dulce y comprensiva, ahora lo miraba un rostro inexpresivo, cuyos ojos
mostraban la más insondable de las oscuridades.


-Nunca me presenté-dijo tranquilamente-, me
llamo Alone, gusto en conocerte, Nara Shikamaru-kun.


-¿Cómo sabes mi nombre?-respondió con miedo
en su voz.


-Lo sé todo de ti. Desde que naciste hasta
este momento, cuando estás muy cerca de la muerte.


Shikamaru retrocedió aterrado. -¿Qué
quieres de mí?


El hombre hizo un gesto con la mano y se
llevó el índice a los labios, indicando silencio.


-¿Querer? Yo no quiero nada de ti,
Shikamaru-kun. Al contrario, estoy para ayudarte-lo miró y soltó una risotada
burlona-¿Qué puedo hacer por ti, Shikamaru-kun?


En ese momento una palabra saltó en su
mente. Pensó que era imposible, pero había algo en aquel hombre que le hacía
pensar en que no mentía.


-La quiero de vuelta-dijo finalmente.


El hombre paseó por el cuarto
tranquilamente, por porte aristocrático, mirándolo de reojo y con desdén.


-¿La quieres de vuelta? ¿A ella? Vaya,
pides mucho, Shikamaru-kun… pero… se acercó a él y tomó su rostro con la mano-
no es difícil, siendo que eres de mis mejores estudiantes…


El rostro de Shikamaru quedó paralizado de
miedo, pero después le sobrevino una oleada de valor.


-Dime qué debo hacer.


-Debes pagar el precio-dijo Alone,
tranquilo y burlón.


-Lo haré-.


-Espero que después no te arrepientas de lo
que has deseado-.


Una súbita luz envolvió a Shikamaru y lo
dejó inconsciente.





Han pasado 2 años desde entonces. Shikamaru
acabó la secundaria con honores y entró a la más prestigiosa de las escuelas, la Preparatoria Engels.
De inmediato se posicionó como uno de los mejores alumnos; se volvió el líder
indiscutible del colegio. Pasado un tiempo, corrió el rumor de que llegaría una
nueva estudiante. Shikamaru estaba atendiendo unas cosas del Consejo
Estudiantil en el salón cuando la puerta se abrió. Quedó boquiabierto.


-Hola, soy Suzumiya Haruhi. Gusto en
conocerlos a todos.


Shikamaru se levantó de su sitio y se
acercó a ella lo más rápido que pudo.


-Ha… ¿Haru-chan? ¿De verdad eres tú?


-¡¡Tú!! Le dio una bofetada al instante.
¡Tú fuiste quien me vio desnuda en los baños!


Shikamaru no lo creía. El grupo entero lo
miró y no dijo nada. Sólo se limitó a bajar la cabeza.


-No me recuerdas, ¿cierto?


-¿Porqué habría? Apenas y te conozco,
pervertido asqueroso.





Salió del salón y caminó por los pasillos
hasta que se detuvo frente a una puerta. Alone estaba dentro.


-¿Qué le hiciste?-preguntó secamente.


-Espero cumplas tu promesa, Joven
Shikamaru; recuerda que debes tocar el piano para mí todas las noches del resto
de tu vida para pagar que te haya devuelto un alma tan apreciada. Además,
también tienes que tocar para mí cuando mueras. Es tu pago para que ella viva.
Nunca dije que te recordaría,-soltó una risotada mientras volvía a su silla-.


-¡Cállate, eso no era parte del trato!


Alone hizo un ademán con la mano y llevó su
índice a los labios, para indicarle silencio.


-No debes gritarle a un profesor,
Shikamaru-kun; no es correcto que el Presidente del Consejo Estudiantil hable
así con un profesor. Te la devolví, ¿no? Si te ama o no te ama, eso es problema
tuyo.


Shikamaru salió del despacho de
Alone-sensei lo más rápido que pudo, evitando que sus lágrimas cayeran al
suelo.


ENDING. DEATH TRIP SERENADE.









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Re: Cry of The Angel: Passing By

Mensaje por krlitaw_AS el Vie Jun 17, 2011 7:56 pm

Esto debe tener tercera parte! Awjiji Enésima vez que lo leo y tienes todos mis respetos. :miao: demo...porque el tributo a Orfeo? o.oU...
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