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Taxi a la Luna

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Coraz?n Taxi a la Luna

Mensaje por Hiniss el Miér Jun 29, 2011 2:16 am

Taxi a la luna



Era una tarde calurosa en la ciudad de Guadalajara, (lo que era de esperarse en pleno mes de Agosto) los rayos del sol caían sobre la distraída muchedumbre conformada de cientos personas que avanzaba con prisa, algunas por tener que llegar al trabajo tras haber pasado la hora de comer, otras por llegar a una cita importante con aquella persona especial, e incluso podía verse a algunas madres distraídas corriendo apuradas por llegar a recoger a sus hijos a la escuela pues se les había hecho tarde cocinando o viendo su telenovela de las dos. Sin embargo; al contrario de lo que podría pensarse; entre todo este ajetreo había un lugar en el que la paz y la tranquilidad predominaba; un parque, que quizás por sus grandes árboles con colosales y frondosas copas no permitían que el ruido de las personas gritando y las bocinas de los autos penetraran aquel ambiente tan sereno.


Los únicos sonidos que se escuchaban eran las hojas de los arboles al ser agitadas por el viento, el cantar de las aves y el chapoteo del agua de la gran fuente, ubicada en el centro de aquel paradisiaco lugar, que no solo servía de refugio para las aves ya que; a los pies de aquella imponente fuente en un pequeño espacio de sombra proyectado sobre el suelo dos hermanos llamados Francisco y Alejandra de 7 y 6 años respectivamente dormitaban tranquilamente siendo arrullados por la melodía que la madre naturaleza les ofrecía.


Francisco comenzó a despertarse entre largos bostezos y leves estiramientos de sus pequeños y delgados brazos. Miró a su alrededor, dando la impresión de que buscaba a alguien, hasta que por fin su mirada se topó con la de su hermana que apenas entreabría los ojos, parpadeando mucho, queriendo adaptarse a la cegadora luz del sol que caía sobre el parque.


Al abrir los ojos por completo Alejandra vio a su hermano que la observaba con una pequeña sonrisa en su rostro —¡Hermanito!—. Exclamó Alejandra con su dulce y delicada voz al tiempo que se abalanzaba sobre Francisco rodeándolo con sus pequeños brazos. Francisco dejó salir una pequeña risita burlona mientras jugaba con el cabello de su hermana que se acurrucaba en su pecho, Alejandra levanto la mirada y vio los ojos de su hermano que la miraban con ese brillo tan particular que solo él tenía y que siempre lograban calmarla sin importar lo mal que estuviera la situación.

—¡Tengo hambre!—.Chilló Alejandra.

Francisco se puso de pie y exclamó —Bueno, entonces… ¡Hora de comer!—.
Francisco le extendió la mano a su hermana, ayudándola a ponerse de pie.
—¿Qué vamos a comer?¿Qué vamos a comer?—. Preguntó Alejandra impaciente mientras zarandeaba un poco a su hermano.
—Espera, deja veo cuanto tenemos—. Dijo Francisco mientras se quitaba el zapato y le daba la vuelta, dejando caer unas cuantas monedas que habían conseguido de las limosnas del día anterior.
—Uno…, do…dos, tr… tres, ocho…—. Contaba con dificultad ya que nunca había aprendido a hacerlo como era debido y lo más que sabía era de la vez que ambos habían estado viendo “Plaza sesamo” en una de las televisiones de los escaparates de “Elektra”.


Basándose más en el tamaño y color de las monedas que en el número que tenían escrito Francisco pudo deducir cuanto dinero tenían así que exclamó felizmente levantando los brazos y dejando caer las monedas al piso:

—¡Quince!, ¡Tenemos quince pesos!—. Los ojos de su pequeña hermana se iluminaron pues sabía que con ese dinero podían comprar una torta ahogada y un jugo “Boing” en el negocio de Don Pancho que se encontraba a tan solo unas cuadras del parque.
Lentamente la pequeña niña comenzó a alejarse con pasos disimulados y una pequeña sonrisa traviesa en su infantil rostro.
—¡Haber quien llega primero!—. Gritó mientras se alejaba corriendo con una risita burlona.
—¡Eso es trampa!—. Chilló francisco mientras recogía las monedas apresuradamente y trataba de ponerse el zapato.

Unos minutos después ambos estaban en el negocio de Don Pancho
disfrutando de su tan anhelada torta ahogada, y arrebatándose el uno al otro el jugo entre bocado y bocado.

Desde la cocina Don Pancho los miraba con tristeza y aflicción, pues sabía que no tenían padres y vivían en el parque Mondlicht desde que tenía memoria.

—¿No crees que deberíamos hacer algo por ellos?—. Preguntó Don Pancho a su esposa Rosa que tenía la frente empapada en sudor por el calor del asador.
—Si, ¿Pero, que podríamos hacer nosotros?, Apenas y podemos con nuestros gastos y sabes que corremos el riesgo de perder el negocio—.Dijo Rosa mientras se secaba el sudor con un pañuelo. Don pancho se quedó callado pues sabía que por más que lo doliera ver a Francisco y Alejandra viviendo de esa forma, su esposa tenía razón, no podían hacer nada al respecto. “Pobrecitos, son solo unos niños” pensó Don Pancho para si mismo mientras los veía comer.
Ambos terminaron de comer y se retiraron del local para volver a su parque, su hogar, su mundo.

De camino al parque Alejandra iba saltando y tarareando una canción que habría escuchado en alguna parte. De pronto, se quedo parada en medio de la calle con los ojos bien abiertos, ahora ya no tarareaba, estaba callada. Su hermano; al no escucharla tararear y no sentir sus pasos detrás de los suyos se detuvo y se dio la vuelta, al ver a su hermana así se asustó y justo cuando estaba a punto de zarandearla para que saliera de su trance la expresión de Alejandra cambió, sus ojos comenzaron a brillar y una gran sonrisa se dibujó en su rostro — ¡Un taciiiiiii!¡Un taciiiiiii!—. Exclamó Alejandra señalándole la ubicación de un taxi que se encontraba parado a escasos metros de ellos pues el semáforo había marcado el alto —¡Mira, mira!, ¡es como el mío!, ¡es como el mío! — Exclamó Alejandra mientras le mostraba un pequeño taxi de juguete que había sacado de su morral que siempre cargaba con ella.


Francisco recordó la vez en que caminando por el parque Mondlicht su hermana había encontrado ese pequeño taxi de juguete y desde entonces se había convertido en su mayor tesoro, motivo por el cual se emocionaba cada vez que veía uno real.

El alto terminó y el taxi se marchó causando que Alejandra gritara —¡Nooo! ¡Mi taci!—. Mientras jaloneaba a su hermano de la playera señalando el taxi que se alejaba doblando la esquina.
Volvieron al parque y se pasaron la tarde corriendo y saltando felizmente entre los arboles hasta que llegó la noche y ambos se tumbaron sobre el pasto mirando la estrellas y la luna llena que esa noche se veía particularmente brillante, Alejandra estiró sus manos hacía el cielo, como tratando de alcanzar la luna, Francisco que estaba a su lado tendido sobre el pasto la miró con sus grandes y brillosos ojos negros y le preguntó.

—Ale, ¿Por qué haces eso?—. Su hermana bajó sus manos y postró su mirada sobre Francisco.
—Este… ammm no sé, me gusta esa cosota brillante en el cielo, el circulito blanco—. Dijo señalando la luna con su pequeño dedo índice.
—¿La luna?—. Preguntó Francisco.
—¿La lu que?...—. Dijo Alejandra dudosa.
—La luna, esa bola brillante en el cielo—. Aclaró Francisco señalándola.
—Entonces sí, me gusta la lula—. Dijo Alejandra entusiasmada.
—No, la lula no tontita, la luna—. Dijo Francisco.
—Pero es lo que dije, la lula—. Dijo Alejandra con un tono inocente.
—Pero es que se dice lun… olvídalo, ¿Por qué te gusta pues?—. Preguntó Francisco algo cansado de corregir a su hermana menor.
—Pues… porque es bonitaaa y brillante y… quiero que sea miaaa—. Exclamó Alejandra dando brincos en el pasto tratando de subir al cielo y tocar la luna.
—Así que te gusta tanto…—Dijo Francisco con un tono pensativo— ¡Está bien! Te prometo que algún día te llevare a la luna en un taxi de los que tanto te gustan—.
Alejandra dejó de saltar y se quedó mirando a su hermano unos segundos hasta que finalmente dijo —¿Es en serio?,¿No estás bromeando?— Preguntó Alejandra.
—Es enserio, te lo prometo, no sé como, pero lo haré—. Apenas terminó de decir estas palabras las lagrimas brotaron de los ojos de la pequeña Alejandra que apenas pudiendo articular unas palabras le dijo —Ju…¡júralo!… ¡Jura que lo harás!—. Dijo mientras se limpiaba las lágrimas con las mangas de su blusa ya gastada por tanto tiempo de uso.
—Te lo juro— Dijo Francisco convencido. Alejandra corrió a los brazos de su hermano donde lloró de la alegría un largo rato.

Al adentrarse más la noche ambos cayeron dormidos sobre el pasto. Los días y los meses pasaron, siendo cada uno de ellos un día más de juegos y aventuras para los dos hermanos, el calor de agosto se fue para darle lugar a Septiembre, Octubre, Noviembre y finalmente al frio invernal de Diciembre (temporada que ambos hermanos amaban por la inmensa cantidad de luces navideñas y decoraciones alusivas de las que se llenaban las calles) para ese entonces Don Pancho y su mujer Rosa habían juntado dinero suficiente para darles un par de abrigos que si bien no eran lo más caro o lo mejor del mercado era suficiente para ambos hermanos; cuyos rostros se llenaron de alegría al recibirlos de manera inesperada en una de sus visitas al local de Don Pancho.


Alejandra y Francisco iban caminando por la banqueta, admirando las decoraciones navideñas y sorprendiéndose por cada nuevo adorno que no habían observado el año anterior, al pasar por Elektra en una de las televisiones de los escaparates podía escucharse a un reportero diciendo:

“Esta temporada invernal viene más fría que nunca a causa de numerosos frentes fríos provenientes del norte, les recomendamos no salir de sus casas y de ser inevitable, abrigarse lo suficiente para evitar enfermedades. ”


Los hermanos siguieron de largo sin prestar atención al noticiero, pues estaban más ocupados observando un Santa Claus de dos metros que saludaba a quien pasara, Alejandra sintió un poco de miedo por lo que se escondió detrás de su hermano apenas asomando un poco la cabeza para alcanzar a ver aquel Santa Claus que a su parecer era gigante, su hermano avanzó lentamente hacia Santa Claus y al llegar frente al le hablo diciéndole —¡Hey!, tu, deja de asustar a mi hermana o te las veras conmigo—. Pero como era de esperarse, al ser no más que un muñeco el Santa Claus respondió con un “Jojojo, feliz navidad” lo que hizo que
Francisco se molestara y arremetiera contra el, derribándolo y haciendo que este se desconectara del enchufe, dejando así de hablar, la pequeña Alejandra pasó lentamente al frente acercándose a Santa Claus aun un poco temerosa pero al ver que este no se movía, volteó a ver a su hermano y exclamó —¡Lo hiciste hermanito! ¡Acabaste con ese Santa malo!—

Por lo que ambos celebraron su victoria dando brincos de alegría y diciendo frases como: “¿No que muy rudo?” y “Lero lero, vencimos al gigante”, en ese momento el dueño del local salió y al ver al Santa Claus tirado trató de tomar a Alejandra por el brazo, pero antes de poder hacerlo Francisco exclamó —¡Espere!—. Esto hizo desconcertar al dueño del local que se quedo viendo a Francisco con una mirada en sus ojos que mostraba su intriga, el pequeño niño sonrió y gritó —¡Corre!—

Mientras tomaba a su pequeña hermana de la mano.
Al llegar a la esquina el dueño del local ya no los seguía pues el solo hecho de haber salido un momento al frio le había provocado dolor la cabeza por el brusco cambio de temperatura.
Cuando Francisco y Alejandra finalmente se detuvieron para mirar atrás, ambos estaban exhaustos por lo que respiraban agitadamente.
—¡Viste ale! Corrimos tan rápido que el sujeto ese no nos alcanzó, ¡Somos los mejores!—. Exclamó Francisco, entre respiro y respiro mientras Alejandra tosía sin cesar. Al percatarse de esto, Francisco la hizo sentarse en la banqueta y le dijo:
—Calma, ¿Si? Todo está bien, el tipo ese ya nos sigue y estoy aquí contigo, y mientras este contigo no permitiré que nada te suceda ¿comprendes?—. Alejandra asintió con la cabeza tratando de controlar su tos para no preocupar más a su hermano.


Pasaron los días y la tos de Alejandra empeoraba, Francisco hacía lo posible por cuidarla, al punto que le dio su abrigo, por más que a Alejandra le costara caminar y pareciera un pequeño pingüino al dar pequeños pasos, que le hacían mover medio cuerpo a la vez.
Por las noches, Francisco abrazaba a Alejandra para mantenerla caliente, pero el estar sin su abrigo causó que el también enfermara.


Sin importar las numerosa veces que Alejandra le dijera “Ponte tu abrigo hermanito, estás tosiendo mucho” el no hacía caso pues solo quería que ella se mejorara, después de todo, su hermana era el motivo por quien luchaba a diario, era ella por quién podía lidiar con la difícil vida de la calle.


En los periódicos y los noticieros lo único de lo que se hablaba era que esa temporada invernal era sin duda la más cruda registrada en Guadalajara y que incluso podía esperarse algo de nieve.
Se hizo de noche y los dos hermanos se encontraban de nuevo en el mismo lugar donde; meses atrás Francisco le había prometido a Alejandra que algún día la llevaría a la luna. Ambos tosían sin cesar estando tendidos sobre el pasto apenas verde por el frio del invierno, Alejandra sacó su pequeño taxi de juguete de su morral con el que después señaló a la luna mientras con la otra mano tironeo un poco la playera de su hermano para que volteara a verla. De esa forma le hizo recordar a su hermano la promesa que le había hecho meses atrás.

—Sí, lo sé, y lo cumpliré, ya verás que algún día te llevare a la luna en un taxi de los que te gustan—Dijo Francisco animando a su hermana que lo miraba en silencio, sin embargo, ahora Francisco ya no tenía ese brillo en sus ojos que siempre calmaba a su hermana, pues la enfermedad lo estaba sobrepasando, sentía como la vida comenzaba a escapársele y comenzaba a sentir sueño, uno del que jamás despertaría.


Su hermana que lo había tomado de la mano y había colocado el pequeño auto de juguete entre sus dedos entrelazados sentía lo mismo y comenzaba a entrecerrar los ojos pues se sentía cansada.


Cuando los dos hermanos estaban por cerrar los ojos por última vez, a ambos les pareció ver un taxi en el cielo que se dirigía a la luna, y en los asientos traseros habían dos pasajeros, dos pequeños hermanos que jugaban contentos mientras esperaban llegar a su destino.


En ese momento sus ojos finalmente se cerraron dejándoles descansar y el primer copo de nieve bajó del cielo cayendo sobre el pequeño auto de juguete entre las manos de los dos hermanos, como si el cielo mismo llorara su partida.


FIN



Última edición por Hiniss el Miér Jun 29, 2011 2:43 am, editado 1 vez
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Coraz?n Re: Taxi a la Luna

Mensaje por Invitado el Miér Jun 29, 2011 2:38 am

creo q seria mas facil y sencillalalectura, si le dieras espacios intermedios x__X
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Coraz?n Re: Taxi a la Luna

Mensaje por Hiniss el Miér Jun 29, 2011 2:44 am

Ya lo separe espero así este mejor n-n
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